Archive for the ‘las películas de papá’ Category

Merodeando

abril 7, 2008

Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Yo preferiría que me llevasen al mar. También dicen que la línea recta es el camino más corto, para llegar al mismo sitio: Cibeles, mi casa o Montparnasse. Como siempre es alguien ajeno a una misma quien nos dice cómo somos, según lo que hacemos. Lo mío es callejear y llegar al mismo sitio, pero dando vueltas. En forma de perífrasis, equívocos o atajos inventados. Parece que entonces, lo que me ocurre es que no quiero llegar, ¿por si el camino se acaba?, ¿por si el final no me gusta? Como si la vida fuese El Apartamento y llegar al destino es el The End sin beso, que abre el camino a la felicidad. Es entonces cuando la lucha empieza, la constancia, el esfuerzo, tirar la raqueta de tenis, perder a las cartas, cambiar de oficina. Es entonces, es todo lo que Billy no nos contó lo que en realidad es la vida. Doy un rodeo, merodeo por la puerta de Jack Lemmon, pero me quedo en la esquina tal si fuera Irma la Dulce. Disfruto del camino, ¿para qué negarlo? Pero no hay que esquivar el luminoso esplendor de la Gran Vía.

Me flipan las nubes

marzo 25, 2008

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Cuando tenía ocho o nueve años mis padres y mis abuelos putativos, Mari y Enrique, nos llevaron a Raquel y a mí a la montaña. Nos disfrazaron con ropa de abrigo, nos metieron en el coche que subió por curvas y mareos hasta la parte más alta de la montaña. Luego seguimos andando. Subimos hasta donde no se veían ni el resto de picos ni la propia cima hacia donde ascendíamos. Nos rodeaba un aire blanco que convertía el infinito en una frontera tupida de humo inodoro y traslúcido. Y nos dijeron –estáis en las nubes-. Allí no había alrededor ni sol, aunque sí luz. Se respiraba profundamente y el desconocimiento de aquel paisaje era, simplemente, tranquilizador.
Ahora miro al cielo que una vez yo toqué sin darme cuenta. Ese cielo que se mueve y nos hace pensar que son las casas o los árboles o los postes de la luz los que giran,
como subidos a un tiovivo, a nuestro alrededor. Esa fantasía que una vez toqué, que una vez me envolvía sigue flotando bajo el resto de mi vida, sobre mi existencia. Es el techo que me alberga, con sus innumerables estratos, con sus millones de colores encorsetados en dos categorías que resultan ínfimas, azul y blanco. Parecen desde aquí abajo que se puedan agarrar y hacer una bolita con ellas. Mientras allí arriba eran incontrolables, inagrupables, intocables, aún envolviéndote entera. Estar dentro de una nube sigue siendo incomprensible.
Ahora que estoy aquí abajo.

Familia

febrero 5, 2008

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“el problema es que somos unas mierdecillas y nos creemos algo”, dice mi hermana Raquel – la listilla de la familia-. Esther añade “por eso me identifico con Bukowski porque soy una desgraciada de la vida y me creo alguien”. Esta última frase está un poco adaptada por mí pero bueno… la conlclusión es que este diálogo absurdo se podría aliñar con la impresentabilidad de mi padre, que es ingeniero, culto, con buena planta y apellido de judío noble, así como las lidezas que suelta por su boca la mayor de las hermanas, el estilo y posición, de la artista de mi madre, y de mí no digo nada que ya nos vamos conociendo, mi egocientrismo, laconismo y desequilibrio creo que me precede.
Somos de verdad seres excepcionales que nos ha tocado vivir en esta vida cuando lo que siempre hemos querido ser es dioses, ricos, libres, independientes y lustrados. Así nos hemos educado los unos a los otros para ser dignos, para ser alguien… y al final…(me da la risa de verdad, me dan ganas de juntarnos y reírnos todos juntos, porque juntas cada historia y es para reirse) … al final somos… no…no somos mierdecillas Raquel, es que sabemos que hay más por esperar, sabemos que hay en lo más alto de cada aspecto de la vida porque lo hemos rozado con la yema de los dedos, y no se nos olvida todo lo vivido, porque hemos conocido, porque nos han abierto los ojos. Saber nos hace libres, aunque a veces también más infelices porque a la vez sabes todo lo que no sabes, todo lo que no has visto, vivido, olido, tocado, sabemos que existe. Porque partes fueron nuestras.
Que sobérbico me ha quedado por dios, apostata Esther, apostata

Enredada

enero 12, 2008

Empeñarse en morir o empeñarse en vivir.
Y ¿por qué tengo que elegir? 
Y si decido quedarme con lo que nací, con quien soy.
Y si denuncio ante los demás el error ajeno.
Que los monstruos son el resto.

Yo por el momento decido empeñarme en disfrutar lo que la vida me da aunque luego me lo quite.
En mi cobardía planeo una revolución, por lo menos una evolución.
Estoy en ello
, en vez de lanzar contra la pared la pelota de béisbol, se me hiela el culo en un banco de tribunal.

Porque escaparse no es huir sino desafiar al destino.
Intentarlo por encima de conseguirlo
.

Quiero intentarlo pero tengo miedo.
De cosas banales, de cosas que no se merecen que se les tenga miedo.

Seguiré hablándome en voz alta. Para repetirme quién soy.
Para al final conseguir serlo.

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[Como diría Eloy, ‘sarta de tópicos’]

“Pedimos encarecidamente que no desvelen a aquellos amigos que no hayan visto la película el secreto final de testigo de cargo

diciembre 29, 2007

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No lo contéis, guardadlo, que los niños sigan confiando, que la vida no tenga un final pactado, que el mañana se pueda convertir en un pensamiento de paso. Que las hechiceras y adivinantes no se merezcan propina, que pueda ser hoy mañana ayer o nunca cuando descubramos el secreto o estrenemos el abrigo o mejoremos el segundo o entremezclemos nuestras manos. No lo digáis por ahí, quedáoslo para vosotros solos, guardad el secreto final, la última palabra, la señal escondida, el instante que demuestra que vale la pena llegar hasta el final.
¿y qué pasa cuando no hay TESTIGO DE CARGO, no hay oreja ni confesionario ni cuarto de baño donde contar [por desesperación egoísmo desquite o necesidad] el secreto?
FINAL