Merodeando

Dicen que todos los caminos conducen a Roma. Yo preferiría que me llevasen al mar. También dicen que la línea recta es el camino más corto, para llegar al mismo sitio: Cibeles, mi casa o Montparnasse. Como siempre es alguien ajeno a una misma quien nos dice cómo somos, según lo que hacemos. Lo mío es callejear y llegar al mismo sitio, pero dando vueltas. En forma de perífrasis, equívocos o atajos inventados. Parece que entonces, lo que me ocurre es que no quiero llegar, ¿por si el camino se acaba?, ¿por si el final no me gusta? Como si la vida fuese El Apartamento y llegar al destino es el The End sin beso, que abre el camino a la felicidad. Es entonces cuando la lucha empieza, la constancia, el esfuerzo, tirar la raqueta de tenis, perder a las cartas, cambiar de oficina. Es entonces, es todo lo que Billy no nos contó lo que en realidad es la vida. Doy un rodeo, merodeo por la puerta de Jack Lemmon, pero me quedo en la esquina tal si fuera Irma la Dulce. Disfruto del camino, ¿para qué negarlo? Pero no hay que esquivar el luminoso esplendor de la Gran Vía.

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